Lectura de Elena

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jueves, 3 de septiembre de 2015

Siento, luego...

Eso es, luego. A veces, luego, puede ser un mal momento. Por ese motivo estoy escribiendo ahora.

Hay quien utiliza dichos para justificar situaciones, para subsanar errores o como excusa. No dejes para mañana lo que puedas reír hoy. Y que conste que yo no soy de refranes ni dichos.

Dicen que si sientes frío tienes frío. Y un churro… Si tienes frío, es porque hace frío, y seguro que mucho. Y así con todo lo que mucha gente dice en relación al sentir de las personas. Es como si vas paseando por la calle con tus amigos y dices... Ostia, ahora me comería un bocata, porque tengo mucha hambre. Y uno de los colegas te dijera. Perdona amiga, pero si sientes hambre, tendrás hambre. Entonces es cuando te lo miras y le contestas. Chaval, no sé lo que sientes tú ahora mismo, pero yo siento que eres un gilipollas, con lo cual debes serlo. ¿No?

Así se podría asociar con muchas otras situaciones. Si sientes sed, ¿tienes sed? Creo que si uno siente sed, es porque hace muchas horas que no bebe, y eso no es un sentimiento, es una putada.

Por la misma regla de 3 simple y la raíz cuadrado del tres por culo 21… podríamos decir que si uno siente que es inteligente, ¿es inteligente… o ministro? Yo en ocasiones siento voces, y efectivamente es porque mi madre me llama para comer.

Hace poco escuché que si uno siente un orgasmo tiene un llamada de la ex… la verdad es que no sé qué gusto puede dar eso. Personalmente preferiría que no me llamara nadie, salvo mi madre para comer, y que el orgasmo llegue junto al de mi chica y disfrutarlos juntos.

Mi conclusión es que tengas cuidado con lo que sientes, porque nunca se sabe que te puede suceder. Porque, ¿alguno ha pensado que pasa con los que se sienten ricos? Si con lo de ricos nos referimos a ser millonarios, estoy seguro que todos sentiríamos serlo y amanecer con más ceros en la cuenta que promesas del gobierno. En el caso de ser ricos, de buenos. Ahí ya es más complicado. Sería algo así. Si te sientes bueno te convertirás en un Kinder.

En serio amigos, si tenéis que sentir algo, sentirlo sin problemas, otra cosa será que os suceda lo que sentís.

Me siento dulce y sabroso…soy un bombón. Me siento guapo y rico…soy un Ronaldo. Me siento un gilipollas, soy el vecino. Me siento un ángel, soy un fumeta. Me siento culpable, soy un mentiroso. Me siento fuerte, soy un Superman. Me siento estafador, soy un banquero. Me siento un mujeriego, soy un solitario. Me siento en una silla, estoy cansado.


Si sientes, luego existes.


Lorenzo López


jueves, 27 de agosto de 2015

Conversaciones cortas

Hola que tal – Bien, bien – Me alegro mucho – De nada, un placer. Hasta otra. – Vale pues hasta la próxima, chao, chao.

Así de absurdas son muchas conversaciones que tenemos muchos días, muchos de nosotros.
Conversaciones para enmarcar por lo menos.

De qué hablan dos personas, pongamos que son vecinos del bloque, en el ascensor. La conversación más frecuente con diferencia, es hablar del tiempo.

Ejemplo:

Vaya con el tiempo – Vaya, vaya – está apretando de lo lindo – sí, es que no sabes que ponerte. Ah, y le digo una cosa, ayer ni abriendo las ventanas entraba una chispa de aire, no sé si a usted le pasó, lo digo porque como está un piso por encima del mío – Pues la verdad es que ni abrí la ventana… Bueno, yo me apeo aquí, a pasar buen día – Igualmente.

También dentro de un ascensor, se habla de los precios. Si una de las dos personas, o las dos, entra con una bolsa del súper… aquí hay tema…pero bueno, tema, tema.
Oh, hija mía, que caro que está todo – pues sí la ver… - No hace falta que me digas, en un momento he comprao cuatro cosas y fíjate, 26 euros y pico que me han llevao – Sí, sí, está todo por la nub… Es que se pasan mucho, solo hacen que subir y subir – Ya, a mí el otr… Sí hija, que no puede una salir de casa… ala que yo ya he llegao, me alegro que haber hablao contigo hija.

Conozco una anécdota que decía que en un ascensor coinciden una señora y un señor. Ambos no se conocían entre sí. Cada uno pulsa el piso donde desea subir y se mantienen en silencio mientras ascendía el aparato. Tras unos segundos el señor arruga un poco el ceño, mueve su nariz… y pregunta. ¿Perdone señora, aquí huele muy mal, se pedido usted? – La señora pausadamente se gira, mira el señor y contesta con otra pregunta. ¿Ha sido usted el que se ha pedido? – El señor enseguida contesta, no, no señora, yo no. – Ella vuelve a preguntar, ¿entonces si no ha sido usted y estamos solos, para que me pregunta?

El autobús es un buen lugar donde se escuchan este tipo de conversaciones. Muchas veces esas charlas aparecen sin más. Sube un señor o señora mayor y todos los asientos están ocupadas. Una persona que se siente amable, se levanta y cede su asiento al señor/a que ha subido en ese instante. Todos sabemos cómo son nuestros mayores, y basta que les cedamos un asiento, para que no lo quieran (en cambio si no se levanta nadie se ponen a parlotear con otro tipo de la misma quinta criticando el hecho) La cosa es que cuando el asiento queda libre, pasan varios segundos, y hasta se conoce que en ocasiones el chofer hizo vacaciones y a la vuelta, los pasajeros seguían discutiendo por el asiento. Algo así como… El que cede su asiento se levanta y le dice al señor que puede sentarse – el señor dice, no tranquilo, si me bajo enseguida – Es igual, siéntese, estará mejor – El señor protesta. Que insinúa que no estoy bien de pie – No digo eso señor, si no quiere no se siente, yo me bajo aquí mismo, adiós. El señor le sigue reprochando mientras el chico desciende por las escaleras del bus. - Que se cree que no puedo aguantar de pie todo el trayecto… pues se equivoca. El que cedió el asiento ya está abriendo la puerta de su casa.

Vamos al mercado.

¿Quién es la última? La última, la última… Yo, yo señora es que estaba mirando como salía la sardina – pues a ver si estamos por lo que hay que estar. Otra señora pregunta, ¿Por dónde salen las sardinas...? No las veo. – La que pidió la tanda contesta – Mire, mire están saliendo por la boca del besugo y se meten pal bacalao… Otra señora dice, no le haga caso, las sardinas van a 7.80 euros el kilo. – Y en el fondo se escucha, ¡¡ostia, yo prefería lo del besugo y el bacalao.

Nos vamos al pryca, donde hay unas colas que ni una final de champions. Una persona coge tres cositas y se va para las cajas. Ve que están todas a tope y busca la caja que menos gente hay. Se posiciona cerca de la clienta que está a punto de ser atendida… y le pregunta. ¿Qué me dejaría pasar, sólo llevo tres cositas y además no me encuentro muy bien. La clienta con el carro lleno se la mira en silencio, y le hace un hueco para que pase. La de las tres cositas pasa dando las gracias. Saluda a la cajera, (porque va mucho por allí y la conoce) En esto que la cajera le pregunta. ¿Otra vez por aquí Juani? Ya es la cuarta vez que viene esta mañana… A la clienta del carro lleno le hubiese gustado mirar a la cara a la caradura… nunca mejor dicho.

En una tienda de chuches.

Hola buenas tardes. ¿Me pone 300 gramos de caramelos variados? Sí señor, ¿de qué sabores le pongo?

En un quiosco.

Perdone. ¿Tiene prensa de ayer? – no, llega 24 horas tarde.

En una peluquería.

Hola vengo a pedir hora para mañana. – ¿Que se tiene que hacer? – Así, saludar, hola buenas tardes, vengo a pedir hora para mañana. – Vale, vale, ¿a qué hora le va bien?, perdone, será a qué hora le va bien a usted. – Mire venga a las 10.30 – Supongo que de la mañana, es que por la noche he quedado.

Sala de espera del médico.

Entras, saludas y comentas en voz alta…bufff cuanta gente. ¿El último? Y todos contestan, usted señor, usted. Te miras la hora y  vuelves a comentar… madre mía, si ya pasan 22 munutos de la hora que me dieron. Uno contesta, yo hace 38 minutos que debería haber entrado. Otra señora dice, yo hace casi una hora que debería haber entrado… Otro comentario vuelve a perturbar la sala de espera. Me dejarían pasar delante de ustedes… es que tengo la comida por terminar y la play en marcha, con la luz que gasta eso…

En una óptica.

Buenas, venía a ver unas gafas para ver. El dependiente contesta. A ver unas gafas para ver… qué.

En un lavabo público.

Hola. – Hola. Bueno aquí estamos – Sí aquí estamos. – Ya. – Sí. Venga adiós. – Adeu, adeu.

Punto de atención al cliente.

En qué puedo ayudarle señor. – ¿Tiene los horarios de los buses? – mire señor, tiene que buscarlos en la web. - ¿Dónde? Si a mí me han dicho que para por aquí cerca.

En una cafetería.

Buenos días, que le pongo. – Un café con leche, descafeinado, con leche natural, corto de café, sacarina y en vaso de cristal, por favor. Bien pase de aquí 15 minutos que estará listo. Gracias por su visita.


Hola – Hola – ¿acabas de llegar? – No, me iba ahora mismo. – igual que yo… adiós.



Lorenzo López

jueves, 20 de agosto de 2015

Comparando

Todas las comparaciones son odiosas. Sobre todo cuando lo que comparas tiene algo que ver con la persona que escucha. Sea por sus ideas o por su forma de ser, por sus manías, por su estilo o simplemente por aquello de “porque yo lo valgo”.

Hay momentos en los que comparar a alguien con otra persona o cosa, nos sale de dentro. Es como si fuera algo innato. Estoy seguro que todo el mundo en alguna ocasión a comparado algo con algo o alguien con alguien, o peor aún, alguien con algo…

--La cuestión es cómo le sienta al comparado, que lo comparen.

Un ejemplo que se usa normalmente, -y lo lo sabes-… es cuando se compara a un ladrón con un político. Es cierto que se generaliza, sí. Pero aún sin pronunciar nombres, el porcentaje de acierto es muy pero que muy amplio. A los buenos políticos, que quiero pensar que alguno pueda haber, no debería molestarle, por el simple hecho de que son buena gente. 

Se compara el nacer con una barra de pan bajo el brazo, con ser rico. Tener suerte con un tonto. Ser guapo y millonario con ser buen deportista (véase comentario de cr7). También ser listo con el hambre. Ser un zorro con la astucia. Ser paciente con ser un santo. (Jesús aún espera explicaciones del embarazo de la Virgen María) Comparamos repelente con al agua y el aceite. Se compara la cultura con un lujo (véase lista de precios de matrículas universitarias…)

Algo de costumbre centenaria, por lo menos, es comparar a las suegras con algún animal pesado y molesto para tener en casa… (Hipopótamo, orangután, foca adulta, ballena, etc…)

Creo que nos hace falta renovar el fondo de armario de las comparaciones.

Ejemplos:

Hacer el amor contigo, es como follar con los ángeles. (A la chica no le gustará que metas tanta gente en su cama)

Pasear a la luz de la luna, es como estar bajo la luz de tus ojos. (endesa te mandará un facturón que vas a flipar…)

Conducir tu coche nuevo es como ir sobre raíles. (Las multas las pagas tú, chaval)

Te quiero como si fueras parte de mi vida. (Por eso las chicas van de dos en dos al baño)

Mi pulso es como el de una estatua. (Quizá estés muerto, mira a ver…)

Mi inteligencia en como la de un ordenador. (Pues reiníciate que estás colgao)

Mi niño es bueno como un santo. (Cuidado con los niños y la iglesia…)

Te pareces al tonto del pueblo. (Sí, sí… dame pan y dime tonto)

La vecina besa como una diosa. (Eso dicen, eso dicen…)

Este café es como beber agua sucia. (Se nota que nunca has bebido agua sucia, nen)

Soñar contigo es como un cuento hermoso. (Cuando despiertes te cuento la verdad)

Mis natillas son como las que salen por la tele. (Y una mierda, las que salen en la tele se las come Marc Marquez)

Mi cuerpo es como el de un atleta. (Cuidao con lo que tomas…)

Mi sentido del humor es como un don. (Y don-de está la gracia…)

Mi abdomen está plano como una tabla. (De qué… de quesos, de embutidos…)

Mis escritos son como para comentar. (Se puede comparar con algo o alguien, no vale copiar)


Ha llegado el momento de parar sin más comparaciones. (El comentario más original podrá elegir el tema de la próxima entrada en este blog)


Lorenzo López







jueves, 13 de agosto de 2015

Preguntas absurdas…

Respuestas lógicas. Sí, así es, cuanto más absurdas son las preguntas, más lógicas son las respuestas. ¿Comer manzanas es sano…? Hombre, depende de la cantidad, si te comes una caja entera seguro que muy sano no será.

El otro día en una parada de bus, una señora que estaba sentada esperando me preguntó. ¿Seguro que pasa por aquí el autobús? Le contesté… pasar seguro que pasa, parar ya no se lo aseguro. La señora se quedó un tanto confusa con la respuesta. Los dos llevábamos mucho rato esperando… por fin llega el bus, para, abre sus puertas y… la señora subió lentamente mientras yo esperaba en la acera. Eso sí, agarrado en la maneta de la puerta. Sus pasos eran tan cortos como los aciertos de un político. El chofer se impacientaba, miraba a la señora y a mí, casi al mismo tiempo. No quiero pensar que le hubiera ocurrido al chofer si abre la boca. Una vez quedó la entrada libre, me dispuse a subir, y el chofer preguntó… ¿sube? Me retuve un par de segundos y contesté. Es evidente que sí, ¿o se cree que le estaba sujetando la puerta a la señora que subió antes? Le recuerdo, señor conductor, que son automáticas…

Tenía que hacer un par de recados antes de llegar a casa. Pasé por la copistería para hacer una fotocopia de mi dni. Lo saqué de mi cartera y lo dejé en el mostrador cuando vi que la chica vino para atenderme. Primera pregunta: ¿Qué quería? Una copia del dni. Segunda pregunta: ¿es suyo este dni? No, me lo encontré hace días y antes de devolverlo a su dueño, quería tener una copia de recuerdo… joder, no ves la foto nena. Le dejé mi Facebook para que comprobara que era yo. Que cosas…

La parada siguiente fue en el súper. Tenía varias cosas que comprar. Fui buscar una pasta de dientes y un cepillo. Mientras miraba y buscaba la marca que normalmente compro, apareció una señorita que me preguntó si podía ayudarme. Le dije que marca buscaba y me dijo que se les había terminado. Y me ofreció otra distinta. Pregunta: ¿Por qué no prueba esta otra marca? Es mucho mejor que la que usted buscaba. Yo le contesté, agradezco su interés ¿pero si la que usted me dice, es mucho más buena que la yo quiero, porque no se agotó antes la mía? La señorita desapareció. Después de elegir una marca de dentífrico y un cepillo, fui a buscar un poco de fruta. Miraba los estantes cuando Jimy, el frutero sureño, me dijo. Si le gusta la fruta fresca, ha venido al lugar idóneo. Y preguntó: ¿cuantos kilos le pongo? Le miré fijamente, me giré, volví a mirarlo fijamente a los ojos, y le pregunté: Chaval, ¿qué te crees tengo una granja de cerdos, o qué? Jimy contestó… bueno si quiere le pongo menos. O mejor aún, la cantidad que usted quiera. Sin dejar de mirarlo cogí un par de manzanas, las puse en una bolsa y se las dejé en la báscula. El frutero con el rostro más serio dijo. Son 126 gramos. ¿le parece bien? le contesté… pues hubiera preferido 121 gramos, pero déjelo, no sea que mordisquee mis manzanas hasta conseguirlo. Me recordó ese programa del “peso justo… “ o algo así...

Siguiendo mi recorrido por el súper, llegué al pasillo donde se encuentran los detergentes. Había una joven que promocionaba una marca concreta para la ropa blanca. Era como… "sus blancos más blancos". Al pasar cerca de su atril, me ofreció la oportunidad de adquirir aquel fantástico producto. El mejor entre los mejores… “sólo faltaban los petardos y las trompetas…” la joven insistía en colocarme ese maldito producto como fuera. Incluso señaló mi camiseta blanca y dijo… ve, si la hubiese lavado con este detergente, ahora su camiseta estaría mucho más blanca de lo que está. Y preguntó: ¿cuantos envases quiere? Yo estaba flipando… y le contesté: joven, ¿usted se cree que soy el utilero del Real Madrid? Para lavar tanta camiseta blanca… ¿o qué?

Pasé cerca de los desodorantes y cogí el primero que me vino de mano. La rubia que había tras un mini mostrador, estuvo a punto de engancharme… la dejé con la palabra en la boca, con sus piernas cruzadas sobre unos tacones de diez centímetros, y con las dos tetas más enormes que jamás he visto asomar por el escote de un uniforme de trabajo barato.

Como estaba harto de tanta promoción, me dirigí a la primera caja disponible. Quería pagar y salir de ese laberinto de ofertas y acosos comerciales. Puse mis artículos en la cinta, que poco a poco se iban acercando a la señorita que atendía la caja. Tras pasar el primer artículo… pregunta: ¿todo lo que lleva está aquí? Quise contestar. Me calle y asentí con la cabeza dos veces. Para dejarlo claro. Pasó el segundo… pip, pasó el tercero…pip, pip, pip, pip, cuarto, quinto y sexto, respectivamente. Me miró, y antes de decirme el importe, volvió a preguntar. ¿Desea unas rosquillas secas? Están de oferta… si se lleva tres cajas le regalamos tres más. Ahora sí que sí. Tenía que contestar… Señorita. Le recomiendo que las rosquillas se las compre usted, si tan buena oferta le parece. Y quizá, el hecho de que sean secas… ¿no será porque aquí nadie se come una rosca…?


Es que hay preguntas tontas… oiga, ¿para bajar de arriba? Coño, primero tendrá que subir…


Lorenzo López