Lectura de Elena

Lectura de Elena
lectura de Elena

jueves, 22 de junio de 2017

Brujitas y angelitos

A solas, cuando nadie me ve…

Soy capaz de sentir lo que tú sientes cuando no estás conmigo. Soy capaz de pensarte y de pensar en aquellas cosas que juntos vivimos. Soy capaz de acariciar cada sueño que tienes y cada suspiro, suspirarlo contigo. Soy capaz de pedir deseos para ti y vivirlos a tu lado. Soy capaz de… soy capaz de amarte como el primer día, como ayer…para siempre.

Porque el día que besaste mis labios fue como volver a nacer. Fue un cúmulo de sensaciones maravillosas, que ni escribiendo sin parar el resto de mi vida, no podría explicarlo. Prácticamente lo mismo que tú sentiste…

Hay brujitas y angelitos. Hay te quieros que aún te debo, y hay abrazos sin porqué. Hay sueños que he guardado para dormirlos a tu lado. Hay caricias tiernas para erizar tu piel y hay besos en tu cuello para todas las noches. Hay noches para bailarte sin descanso. Hay sonrisas que sonríen a la vida, y hay vida para dos.

Hay sin sentidos que a tu lado son hermosos, y hay versos sin destino. Hay camino por andar, hay cosas por hacer. Hay días con sus noches y hay sol de madrugada que ilumina tu cara, y luna brillante que te acuna el alma. Hay cuentos con final feliz donde yo soy tu ángel, y tú mi brujita,

Hay tiempo para amarte y amarte es un placer. Hay poemas con palabras que no riman, y hay palabras que riman contigo. Hay latidos especiales que escucho cuando me acuesto en tu pecho. Hay instantes delicados en los que estoy más a tu lado que nunca. Hay sentimientos que siento cuando respiras. Hay tardes a tu lado, y despedidas que no lo son del todo. Hay un mañana para los dos… y un amor infinito para ti. Sólo tienes que decir que si…


Mientras tanto esperaré todo el tiempo que tengo para vivir, deseando que no sea tarde, y que un amanecer, o un atardecer o cualquier noche que tú quieras, decidas volver…



Lorenzo López

jueves, 15 de junio de 2017

La profesora de lengua

Violeta terminó su jornada corrigiendo 36 exámenes. De los cuales aprobaron veintiuno.

Ese viernes no quiso entretenerse hablando con nadie. Simplemente se despidió de aquellos que se iba encontrando camino al parquin. Agotada casi del todo subió al coche, se acomodó en el asiento y tras cerrar la puerta gritó con todas sus fuerzas. Se arregló el pelo y se marchó.

Ansiaba llegar a su casa. Cada segundo que pasaba en el coche se le hacía eterno. Lentamente se acortaba la distancia entre ella y su casa, su guarida. El sonido de la llave entrando en la cerradura de la puerta de entrada al piso, fue lo más parecido a un orgasmo fugaz. Dejó el bolso y el porta documentos junto a los zapatos, en el suelo. Caminó directamente hacia el cuarto de baño. Accionó el grifo del agua caliente y mientras su bañera se llenaba, empezó a quitarse el jersey y los tejanos. Mientras el espejo reflejaba parte de la silueta de su cuerpo, sus manos acariciaban la piel que lo envolvía. Su pelo azabache, largo y sedoso, ayudaba acariciando sus hombros y parte de su espalda. Lentamente sus dedos hacían pausas en sus senos, aún tapados por un sujetador morado, mientras clavaba los ojos en aquel espejo para mirarse con lascivia. Su boca abierta dejaba salir el aliento templado de su interior marcando un cerco imperfecto en el cristal, que difuminaba parte de su cara. Los labios carnosos de color rojo intenso, sugerían alguna cosa más. La estancia se calentaba a la par que su cuerpo. Su mente se iba estimulando con casa roce, y su lengua asomaba tambaleante como una culebra hambrienta. Usando las dos manos se deshizo del sujetador. Se llevó ambos índices a la boca y los lamió unas cuantas veces, para luego humedecer sus pezones. El brillo de los mismos resaltaba en el espejo mudo y lleno de secretos.

Tan despacio como pudo se deshizo de sus pantis. Sus largos dedos recorrieron las piernas de abajo hacia arriba con la misma prisa con la que se disfruta un beso en el cuello. Cuando los dedos llegaron cerca de su cintura, se apoderaron de sus nalgas. Se las acarició repetidas veces en todos los sentidos, incluso se las azotó media docena de veces, hasta dejarlas sonrosadas del todo. De nuevo sus índices se colaron bajo la cinta de su tanga negro y juguetearon con él unos segundos. Sesenta y nueve segundos más tarde el tanga llegaba a sus rodillas… poco después rozaban sus pantorrillas haciendo una pequeña pausa. Pasaron por sus tobillos en un instante hasta quedarse en el suelo perdiendo su forma principal.

Vació un cuarto del frasco de gel con perfume a rosas y se coló en la bañera sigilosamente. Sus pies entraron en el agua como una cuchilla afilada, formando una honda perfecta que abarcó el ancho y largo del recipiente. Sin ruidos, sólo un ansiado deseo depravado que recorría su cuerpo por dentro, emergiendo por cada poro de su piel canela unas gotas de sudor por su pasión sexual. El agua rodeaba su cuello, y sus hábiles manos se escondían bajo aquella espuma aterciopelada. Unas pequeñas burbujas y vaivenes en el agua, delataban el movimiento casi exacto de sus manos en su vagina, rozando delicadamente su clítoris. Sus dientes mordisqueaban su labio inferior con rabia y tesón. Su corazón latía desesperadamente esperando un orgasmo perfecto que le diera su momento de auténtico placer. Y su mente era como una máquina de crear imágenes eróticas que le ayudaban a masturbarse. Entre sus dientes se escapaban unos pequeños gemidos placenteros que no aguantaban más en su interior. Sus ojos marrones se cerraban para ayudar a inventar escenas de lujuria.

Violeta gozaba cada vez con más plenitud, cada vez era mejor y la lentitud con la que se tocaba ralentizaba el momento cumbre que deseaba. Su cabello negro se despeinaba al ritmo de sus espasmos que anunciaban un ansiado y maravilloso orgasmo.

Un gran gemido en Do mayor resonó en el cuarto de baño abriendo su boca y separando sus labios rojos.  Su cuerpo se sacudió con un par de espasmos, y sus músculos se contrajeron al máximo. Todo su cuerpo estremeció dentro de aquella bañera rebosante de agua y de secretos íntimos.

Se recogió parcialmente su negro pelo y acomodó su cabeza en la esquina izquierda de la bañera, cerró los ojos y la relajación más exquisita se apoderó del cuerpo de la profesora de lenguaje, aquella noche de viernes 13.

Siempre es mejor unos instantes de felicidad, que unos días de estrés…


Lorenzo López






jueves, 8 de junio de 2017

No es mala pata, es mal pie

Teniendo en cuenta que no todo lo que se oye tiene que ver con algo que hemos oído, y lo vemos con algo que hemos visto, la vida puede ser maravillosa o una mierda.

Si oyes que hay un lugar fantástico, donde todo es genial y se está mejor que en brazos, lo normal es que compres una plaza. En ese momento no te preocupa dónde está ese lugar, sino rezas porque haya un puesto libre para ti. En cambio sí escuchamos ese refrán que dice “Si ves las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar”. Eso la verdad es que te hace pensar en que tienes que hacer algo que no quieres. Porque ponerte las barbas en remojo, sinceramente incomoda mucho, nunca mejor dicho, porque según qué postura tomes vas a flipar… ¿Y qué pasa si te pilla afeitado? ¿Hay que esperar a que crezca la barba para remojarla, o disimulas mojándote la cara como recién rasurado? Joder es una putada.

Que pasa cuando escuchas que hay ofertas en un gran almacén. Ostia, tu mente se pone a hacer cuentas con los cuatro chavos de tu cuenta bancaria y los ajusta más que la faja de tu suegra. Te frotas las manos, te sudan las axilas, te huelen los pies del subidón y vas al cajero más cercano para confirmar el saldo. Luego a casa, a coger todas las bolsas más grandes que tienes guardadas para la ocasión, y corriendo al gran almacén. Desde que entras hasta que sales todo ha cambiado. Tanto, que hasta la visa te está pidiendo vacaciones en ese lugar tan fantástico de arriba.

Veo, veo… jolín me ha venido a la memoria Teresa Rabal, el parchís, las pipas, las trampas… madre mía que tiempos. Perdón, la noche me confunde. Pues eso, que cuando alguien ve algo que le mola y te lo explica, siempre te lo adorna bajo su punto de vista. (Joder como estoy, mis gafas están pidiendo el comodín de la llamada). Veo algo guapo y te lo explico más guapo todavía. Mientras escuchas te imaginas lo más guapo que has conocido y lo multiplicas por un montón y el resultado… hay dos posibles opciones. A: si estás enamorado/a el resultado es tu novio/a con más pasión y cariño que los cocidos de la yaya. Opción B: si tienes hijo/as, está claro que será el niño/a sonriendo diciendo mama, papa, bibi, pipi, caca, (mierda-limpiar culo…buufff) pero al final te quedas con lo de papa o mama, según convenga.

En cambio cuando algo no lo puedes ver, y depende de tu imaginación para hacerte una idea, “cuidao”, “cuidao” con lo que puedes imaginar, que nadie es de piedra. Un roce, dos roces, tres rooces… en fin. No me refiero a que no podamos pensar “caliente”, que es diferente a pensar “en caliente”. Lo que quiero decir es que todo el mundo no imagina la misma cosa de la misma forma y/o manera. No hace muchos días escuchaba una conversación de dos varones, (a uno de ellos he preferido llamarlo MACHO). Total que el varón le contaba al macho, que había conocido a una chica estupenda, guapa, amable, con buen talante, lista y comprensiva… y no sigo porque tendría que dar su nombre y no quiero. El macho, atento a los detalles, y nada más terminar de escuchar los alagos a la muchacha, preguntó, ¿está buena…? El varón le repitió, es guapa, lista y muy cariñosa. El macho al que algo le crecía en su exterior, insistió, ¿pero está buena, no? Este ejemplo me sirve para dos cosas. Primero para expresar mí angustia sobre ese tipo de macho, con menos sentido común que un megamix del padre nuestro. Lo siguiente es la capacidad de imaginación que tenemos las personas sabiendo lo mismo.

Es como cuando te encuentras con un amigo que hace años que no ves, y le dices… Que bien te veo Paco. Joder, piensa Paco. Si hace años que no sabes de mí, y ahora resulta que me ves bien, (manda guevos) pues yo lo siento señor, pero no le reconozco. Claro, es que hay otras formas de quedar bien coño. Ves a un tío que hace la tira que no ves, y casi es probable que ni te acuerdes del su nombre, lo más normal es que cambies de dirección y en todo caso le saludes con la mano de lejos, y punto, ya has quedado bien si es que él te ha reconocido. Si no te devuelve el saludo entonces quizá recuerdes su nombre y el de algún familiar suyo…

Algo gracioso es cuando ves a una amiga con su hijo de 16 años, y que hace unos diez años que no veías. Saludas, pim, pam… comentas cuatro cosas y de repente miras al chaval y dices “hay que ver que hermoso y grande que está, como ha cambiado desde la última vez que lo vi” Coño, todo cambia (recuerda la visa que pedía vacaciones). Así es, dos y dos veintidós. Si hace diez años que no ves a una persona, lo normal es que no esté igual que la última vez. El tiempo pasa y se hace camino al andar… y a no ser que hablemos de Walt Disney el tiempo pasa para todos.

Si ves mal no conduzcas, y si conduces mira por donde ves.



Lorenzo López.

jueves, 1 de junio de 2017

El rojo caramelo de tus labios

Así de intenso, así de venenoso es el rojo de tus labios. Es el veneno que tan bien me sienta y por el que me gustaría morir.

Esas tardes sin ti, sin tu aliento, sin tu cariño, sin mí a tu lado, sin nada más que la negra noche rota por el brillo de la luna reflejada en el mar de tus sueños. Y un puñado de estrellas buscando completar tu nombre rompiendo por unos instantes, en pedazos, la luz opalina de la luna más redonda y preciosa, que esa noche puse encima de tu alma. La vida sigue y el tiempo es la silla donde te espero hoy… quizá mañana sea pronto para decirte que moriría por ti, quizá otro día te lo digo. O quizá nunca te lo diga a cambio de salvarte la vida. O quizá vete tú a saber…

Aún recuerdo tus labios cuando se mezclaban con los míos en la pasión de la noche, sin luz, solos tú y yo con el silencio a nuestro alrededor, roto por esos latidos especiales de tu gran corazón. Ese rojo de tus labios que aún tengo el placer de saborear cuando relamo mis labios, y el recuerdo me hace sentir tus caricias como antes. Tus manos buscando sobre mi piel lo mismo que buscaban las mías sobre la tuya. Tus ojos cerrados, los míos también. Y tu aliento acelerado intercalándose con el mío… tan perfecto como el tic-tac de un reloj suizo.

Porque si pienso, te pienso. Porque si respiro, respiro tu aliento. Porque si amo, te amo, y si sueño… siempre estás a mi lado. Y cuando no, te imagino…

Porque me encanta tu sonrisa. Me encanta mirarte cuando duermes, aunque no sepa lo que sueñas, aunque no entienda nada de nada cuando me explicas tus sueños en voz alta. Me encanta sorprenderte por el gesto de tu cara, por el brillo de tus ojos, por esos latidos desordenados que te hacen tan especial y diferente… Me encantas.

Porque de vez en cuando la vida, nos regala algo inesperado, algo sutil, algo extraordinario. Un encuentro, una mirada que dura apenas un instante y es para toda la vida. Un reflejo, una ilusión compartida, una grito sin eco, un guiño de bienvenida. Un beso imaginario, una pregunta sin respuesta, los secretos de un diario, una promesa honesta. Un te quiero para siempre, un tú o ninguna, una canción de cuna, un verso sin terminar, un poema de amor, un atardecer junto al mar, un suspiro embriagador. Un escalofrío de pasión, dos palabras en la arena, tres motivos sin razón, cuatro manos a escena, cinco dedos me señalan y seis sentidos nos delatan.


Porque de vez en cuando suceden cosas maravillosas… y Te quiero


Lorenzo López