Lectura de Elena

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jueves, 29 de octubre de 2015

Para que sirve un dedo

Para señalar, para llamar, para apuntar, para limpiar, para dibujar, para indicar, para allá, para acá, para ti, para mí, para él, para ellos, para chupar, para probar y comprobar, para empujar, para apretar, para acariciar y hasta para pasar página.

Sin ir más lejos de lo que se tarda en ir i volver, un dedo es un dedo. A este que se le pueden dar infinidad de usos. Donde menos te pienses, puedes meter un dedo. Lo de meterlos en los enchufes es para bebés, ya que los adultos buscan otro tipo de chispa. Con un dedo somos capaces de dirigir a un grupo indeterminado de personas o animales, haciendo que vayan donde queremos. Les indicamos el lugar de forma enérgica y usando el nombre de Dios en vano, recordando algunos santos y familiares de los mismos, es probable que se dirijan al lugar indicado. Con ayuda de ese mismo dedo accionamos el cerrojo y luego sólo nos faltaría soplarle.

Ese dedo que usamos para buscar monedas en nuestro bolsillo, en el monedero de la padrina o en los parquímetros. El mismo que se cuela en la nariz. Parece que no sea posible, pero entra, y lo mejor de todo es que encima es capaz de removerse buscando un moco, que luego una vez consigue sacar, no sabe dónde dejarlo… por unos instantes el dedo se convierte en lo más parecido a la barita de Harry Potter, que sabemos que es nuestro pero no sabemos qué hacer con él.

Eso de meterlo en lugares que debemos aun siendo avisados. Cuidado, recién pintado. Pues tenemos que tocar con el dedo para comprobarlo. Y luego nos quejamos… joder pues era verdad. Muy caliente, no tocar… ese dedo va hacia allí como si no hubiera mañana. Y acto seguido nos lo llevamos a la boca. Lo chupamos, lo soplamos y lo miramos maldiciendo lo mucho que quemaba.  Y cuando pone o nos dicen, “NO TOCAR”, que es lo primero que hacemos, tocar, coño tocar. Miramos a derecha e izquierda y tocamos, porque eso va con nosotros, como el dedo que también va y viene con nosotros.

Alguno recodará aquellos caramelos perforamos por el centro, en los que intentábamos meter el dedo… eso mismo, los “Chimos”. Tenían los agujeros pequeños, pero insistíamos a pesar de todo. Además si no se podía con el de color rojo, lo probábamos con el verde, y si no con el amarillo… Increíble pero cierto. Con los donuts es diferente, el dedo nos entra de sobra, siempre y cuando no comamos demasiados.

Al llamar al timbre usamos el dedo sordo. Que es aquel que aunque la persona que tiene que abrir la puerta nos diga que ya viene, sigue apretando el pulsador del timbre. El indiscreto, que es capaz de señalar a alguien del cual estás dando datos a otra persona. Cuando estamos en lugares donde no podemos hablar o por lo contrario, que hay más jaleo que en el sálvame, usamos el dedo para llamar a alguien. Hacemos esa especie de semi-rotación hacia arriba con intención clara de que se acerque aquella persona.

Cuando nos duele alguna parte del cuerpo, tenemos el dedo que es capaz de averiguar cuál es exactamente la zona que nos molesta. Y hasta el grado de intensidad del dolor. Si apretamos más, nos duele más, y cuando dejamos de presionar el dolor disminuye. También somos capaces de medir la “hartura”. La “hartura” es cuando alguien te tiene hasta los cojones o un poco más… con el dedo medimos ese nivel, diciendo aquello de “me tienes hasta aquí, (señalando la parte de la sien)

Una cosa chula es cuando encontramos un coche sucio. Je, je, je… ese dedo artista que improvisa una cara sonriendo y anota la típica frase de “lávalo guarro que no encoje” joder, lo bien que nos sentimos después de hacerlo. Yo he visto gente que hasta firma al terminar. El mismo dedo que repasa las monedas para pagar el pico de una cuenta. El mismo que repasa la carta de un restaurante siguiendo los platos de arriba abajo, para elegir lo va a comer, y que luego golpea dos o tres veces encima del precio del plato elegido como alertando del precio.

El mismo dedo con el que señalamos la mancha del prójimo para luego tocarle la nariz y reírnos. El mismo con el que descolgamos o colgamos una llamada de teléfono, o con el que nos aseguramos de firmar un documento poniéndolo encima de donde pone “firme aquí” después de preguntar. Cuando decimos mira allí y nuestros ojos lo primero que ven es la punta del dedo… luego ya buscan más allá.

Por supuesto está el dedo sexual. Cuando de una boca salen piropos pobres la dulzura y ricos en bravura, la mano se recoge, el dedo te hace la peineta y te manda a tomar por el culo.


Lorenzo López


jueves, 22 de octubre de 2015

Ahora vas y te la cascas.

¿Mamá, cuando comeremos pan de hoy? Mañana hijo, mañana. Eso en el mejor de los casos. Hay gente “pa to”, igual te planchan un huevo, que te fríen una corbata. Hay quien te pide de salir, porque le molas, y los hay que te enseña la salida. Los hay que se enamoran a primera vista, y otros que sin las gafas del “serca” no ven un tren parao.

El tío que te manda a por cebollas y le traes melones… (rima fácil) es parte contraria a la que rima con el cinco.

Los hay que desean a la vecina más que a su propia mujer, y otros desean que la mujer propia, no guste a los vecinos. El pez que se muerde la cola o la cola que se presta a ser mordida. El pan con nocilla o el tulipán sin helicóptero. Un mosén sin ostias o muchas ostias sin dueño. Aquellos que van a por agua sin cántaro o los que vienen sin cántaro de tanto ir a la fuente. Los maniáticos que tienen la manías o los sin manías que se hurgan la nariz y comen con las manos. El deseo de desear lo ajeno o lo ajeno que queda el deseo. Quien la hace la paga o quien la paga…ya no vuelve. Hay quien cree en los enanitos azules porque se cree más alto que ellos. O los que creen en papá nöel, o los que afirman que Pinocho era portugués, porque es de madeira. Miénteme Pinocho…miénteme. Unos llaman a los 805 XXX XXX para escuchar y otros para hacer la quiniela. Los chicos observadores miran a las chicas guapas y les encuentran defectos (cabrones) y los hay que encuentra virtudes sin necesidad de mirar. O sea, aquello del vaso medio lleno o medio vacío. (Personalmente, si es de agua lo encontraré medio lleno, pero  si es de wiski, siempre medio vacío)

 La mayoría de personas buscamos la diferencia entre el precio y el valor. Otros buscan la calidad del valor para ponerle precio a la sinrazón del beneficio de la duda. Y el que tire la primera piedra, la tendrá que ir a buscarla.  Porque no siempre podrás esconder la mano. Porque la suerte no la repartió un manco. Porque lo que va vuelve y tiro porque me toca. Porque si los hay listos, será porque no reman galeras. Los hay que pintan cuatro rallas y se hacen famosos porque Maradona las compra todas. Los hay que no buscan la fama… y siguen cardando la lana. El que engaña se miente así mismo y el engañado se venga omitiendo la verdad y nada más que la verdad. Hay quien está a las duras y a las maduras, y otros que se tienden bajo el árbol con la boca abierta. Si le pides peras al olmo, no te las dará…quizá esté sordo. Si insistes, ¿eres tonto…? no. Eres paciente y obstinado. Pero te quedarás sin peras. Aquel que da todo por su minuto de gloria en televisión. Para que veáis lo caros que son los anuncios. Los que siguen unas normas muy concretas basadas en el… “culo veo culo quiero” piensa lo que quieras, pero hablo de culos, sino de envidia. Tú llevas eso, yo quiero eso. Y es cuando te la dan con queso… demasiados “esos” juntos. Los hay que todavía creen que los pitufos vendrán a Lleida y otros que creen que ya hace tiempo que están por aquí. Los hay que bucean en la bañera de casa con flotador y algunos que hacen de socorristas cuando esto sucede. Unos hacen la pasta sin agua y otros ponen los ladrillos con dos cojones. El mundo gira, la virgen de la cueva que llueva que llueva, y otros huelen las nubes y a otros les huelen los pies. El cabezón no piensa más por su diámetro craneal, sino que piensa más cosas que tú al mismo tiempo. Mientras tú dejas ir unas flatulencias, él hace las cuentas de un país. (En España es fácil. DEBE – HABER) DEBE mucho. HABER hay, pero mal repartido. >

Y resumiendo el contenido de esta alegoría, decir que mientras otros pierden el tiempo mirando unos waps, tú te has ilustro y divertido leyendo. Y LO SABES!!!

Un punto y aparte.

Rubios o morenos, bajos, altos, listos, regulares o irregulares, atentos o cohibidos, cobradores del frac, vendedores de humo sin hoguera, ingeniosos, pensadores, parlantes, señoritas de moral distraída o varones desorientados, buscavidas, quinquis, vividores y folladores, ministros y otras bestias, y animales de dos piernas. Para gustos los colores, para risas las tuyas, para sosos están los del quinto. Para razones los jefes, para mandar los comandantes, para las suegras, un respeto. Para dirigir muchos inútiles. Para gozar el colacao maravillao. Para besar tus labios, para escribir mí destino, el hielo, para soñar tus piernas, para  viajar los sentidos. Para bailar un pañuelo con monedas. Para llorar, mis penas. Para contagiarme tu esperanza, para ayudar, dar. Para recibir, ir. Para enamorarse, sé. Para morir tenemos toda la vida, para disfrutar unos segundos. No dejes para mañana todo lo que hoy puedas acumular en tu alma hoy. Para etiquetas tu talento. Para beber agua. Para comer el mundo. Para dormir tus brazos. Para respirar tú aliento. Para unos un porquería, para otros, Dios te salve María. Para algunos un puñado de tontadas y para los buenos… un dulce cuento de Hadas.


Lorenzo López


jueves, 15 de octubre de 2015

La mala palabra

Estamos rodeados por casi 300.000 palabras y sólo usamos aproximadamente un 10% de ellas. Muchas son repeticiones de aquellas más comunes y otros las que escuchamos y, nos gustan y usamos, en ocasiones con desconocimiento de sus variados significados o posibilidades.

No existen malas o buenas palabras. La diferencia está en el uso de la misma. Y cómo no, la forma de interpretar palabras cuando las escuchamos o leemos. Siempre hay alguna frase o conjunto de frases, en la que nos llama más la atención una palabra sobre otra.

Y todo empezaría más o menos así.

Llamada de teléfono:
Hola buenos días. Le llamo para ofrecerle una mejora en su contrato de línea de móvil.
Que entendemos aquí. Miau!! Seguro que la mejora es para ellos, ya me están liando como la otra vez. Aquí la palabra que nos llama la atención es mejora, y en esta ocasión nos produce una sensación de mierda.

Nos vamos de rebajas:
Otra palabra que nos gusta e incomoda a la vez es la de rebajas. Vaya tocada de huevos cuando sabemos que entrados en verano llegaran las rebajas. En ese momento nos mola porque tenemos la conciencia de que encontraremos una ganga entre empujones, colas más largas que lo que dura una hipoteca y marujas indiscretas. Pero también hay rebajas en enero. Y esas sabemos que pueden ser mejores, pero nos toca la pera saber que al precio que van las gambas, los polvo-rones, el turrón (aunque las almendras estén rancias) la currada de los canelones, los putos regalos de compromiso, los de los niños que los empiezan a pedir en septiembre… y no sigo por no desanimar a nadie. Todo eso hace que conforme nuestros euros de la cuenta bajan, suba la sensación de que no podremos comprarnos gran cosa. Yo creo que las rebajas las inventó alguien que tenía mucho tiempo y poco estilo. Dentro de las rebajas nos puso el ofertón, las super-rebajas, el tres x 2, el 2 x uno y el remate final. La ostia vamos. Sólo un tipo poco estiloso y con más tiempo libre que el perro de Obama, sería capaz de permitir que un grupo indeterminado de personas (normalmente féminas) se atrincheren frente a un centro comercial o gran superficie, acorralando y acojonando hasta al vigilante. Hay quien viste ropas fibrosas y elásticas para  evitar los agarrones. Ese vestuario hortera, que en la mayoría de casos hace ya años y paños que fue adquirido en algunas rebajas-bajas. Ahora pienso por un momento en el diseñador de esa malla y ese suéter viscoso, elástico y ceñido a la carne más enojada del momento. Quizá fue el inventor de las rebajas, que pensó que haciendo esa clase de ropa no tendría que preocuparse por las tallas… o sea talla única… bufff. No voy seguir, porque no me hago a la idea de cómo vestiría él cuando creaba esas cosas.

Pedir un favor:
A quien no le han pedido un favor alguna vez. Ya!! Vale. Ahora nadie se acordará de ellos por miedo a que alguien le recuerde lo que tiene pendiente y esas cosas. Pues bien. A mí me suena haber pedido algún favor, no sé cuántos, pero sí estoy seguro de haberlos devueltos todos. El caso es que cuando alguien, (dígase, amigo, conocido, aprovechado, caradura, mascachapas, inventor de rebajas o como no, un familiar) (vuelvo a abrir paréntesis porque, ¿os habéis fijado en lo contradictorio de que té pida el favor un familiar?) FAMI-LIAR…es que en el fondo, o en el final, mejor dicho, ya te está dando pistas “LIAR”. Ahí lo dejo. Como iba diciendo, cuando alguien se acerca y te saluda…”que tal, te veo muy bien, haces buena pinta, te veo más joven, etc, etc” Tú le empiezas a mirar con cara rara, tanto, que no sabrías ni reconocerte tu solo en un espejo. Callado y atento a lo que falta por llegar, no le quitas ojo y te apartas un poco de él. Y llega el momento más emocionante de tu vida y escuchas; tengo que pedirte un gran favor. Bueno un favor normal, pero que es muy importante para mí. - Tú ya te estás imaginando una calculadora científica… mientras él sigue. “Es que sabes, el otro día, bueno que me pasó una cosa que ahora mismo no te puedo contar pero que es muy, muy fuerte y por eso te pido este favor”. - Tú por dentro ya estás más encendido que el mapa de Bonanza, al tiempo que piensas en aquella calculadora a la que le va creciendo la pantalla, como para acoger tantos dígitos como el saldo de una tarjeta black. El sudor se te desliza sigilosamente por alguna parte de tu rostro que ni tú percibes. Tus manos alojadas en la parte posterior del cuerpo, mientras tus dedos juguetean los chicos con los grandes, como apostando a ver a quien le toca cruzarse y a quien rezar y santiguarse. A pesar de que tienes más prisa que una diarrea, aguantas hasta el final. Y entonces ese alguien te dice… “Amigo necesito que cuando te llame mi mujer, le digas que ayer por la noche dormí en tu casa”. La ostia puta… el suspiro que sale de tus entrañas es más caliente que la cama de Julio Iglesias, y lo hechas…, y es más largo que el paseo que te tocó hacer a la edad de los granitos, con la más fea de la Wonder un domingo por la tarde. De tu mente desaparecen muchas cosas. La calculadora vuelve a su tamaño normal. Los euros de tu cuenta vuelven a ser los cuatro putos cuartos que tenías, y es cuando reaccionas y le dices… Tranquilo amigo mío, no te preocupes, que si me llama, (que me llamará…) le diré que estabas cenando en mí casa, conmigo y mi Tere. Él se va contento, tú más relajado y con una inquietud que te ronda…

Y ahora como coño le digo a mi Tere que ayer por la noche no estaba en la partida con mis amigos…

Moraleja!!! Por ese nombre no me viene nada. Vuelva a intentarlo más tarde. En todo caso sería algo así. 
No todo lo que parece bueno es tan bueno y ni todo lo que parece malo… es tan bueno.

Hasta más leer.


Lorenzo López


jueves, 8 de octubre de 2015

El verde de la vergüenza

Desconozco los detalles. Lo que sí me suena y mucho, es aquello de “la vergüenza era de color verde y se la comió un burro”.

Con más atino que seguridad, diría muchas cosas sobre la vergüenza sin parar. Cosas buenas y malas. Muchas cosas que algunos conocen y que otros desconocen.  Y cosas que algunos conocen tan bien que delante les acompaña la palabra SIN.

La sinvergüenza es el traje con que se mudan todos los días, fiestas de guardar incluidas, aquellos tipos sin ton ni son.  Por qué si tuvieran “ton” por lo menos algo nos sonaría. En cuanto a lo del “son”… joder!! Podría escribir sin parar 19 días y quinientas noches, por lo menos, de cómo “son”. Apuesto mi virginidad política a que cualquiera de los que estáis leyendo ahora mismo, por lo menos habéis pensado dos nombres, tres insultos y recuerdos para los familiares y para los amigos de los amigos de los 2 nombres en cuestión. No entraré a que partidos corresponden a cada uno de los dos, ni me importa.

Ese burro no sé cuánto verde fue capaz de comer a lo largo de su vida. Pero por muchos kilos que fueran, espero que no haya tenido familia numerosa, porque si algo falta por estas tierras de la eu, es vergüenza y mucha. Píntenla ustedes como quieran. Denle la forma que deseen. La pueden calentar a la lumbre de unos palos de olivo o remojarla en agua brava del atlántico, pero seguirá siendo vergüenza. No tengo nada en contra de los burros, bueno contra los de dos patas sí, sobre todo con apellido extraño, que los de cuatro recuerdan con facilidad. Es más, a los de cuatro patas me gusta verlos mientras me miran y se comen esa parte cada vez menos verde y más dorada.

Me encanta dormirme pensando que todo esto es un puto sueño que se arreglará mañana por la mañana… pero parece ser que ayer por la noche pensé de igual forma, y esta mañana… bueno ha pasado demasiado deprisa y no he tenido tiempo de nada.

Que hemos aprendido hoy.

Que la vergüenza no está probado que fuera de color verde o de cualquier otro. Que el “ton” y el “son” tienen sentido, y mucho, a pesar del dicho. Que hay algún burro de dos patas con apellido raro. Que hay un periodista más listo de un presidente plasmado. Que la palabra SIN no sólo va delante de la cerveza o del bitter. Que aunque el mono se vista de seda, nomo se queda. Que los sueños no siempre se cumplen, por lo menos no al día siguiente. Y antes de irme quiero dejar claro una cosa. Mi virginidad política está en juego, o no, así que sed conscientes de ello y quedaros a gusto… dejad que vuestra boca suelte lo que vuestra conciencia sujeta.

Y por supuesto que todo parecido con la realidad es cosa de mi ingenio. O algo así…



Lorenzo López